Neuquén del Ayer: La insólita historia del Toro de la Ruta 22 y la "guerra de los atributos" contra la censura
Lo que para los más chicos era una referencia de viaje (“¡Avisame cuando pasemos por el toro!”) y para los inmigrantes españoles un abrazo de nostalgia a su tierra natal, escondía una historia de trabajo, identidad comercial con la recordada Casa Almaraz y una desopilante batalla legal y de herramientas contra la censura de la época.
A raíz de un inolvidable posteo publicado el pasado 17 de julio por Ricardo Oscar Pareja en el grupo de Facebook Neuquén del Ayer, la redacción de Classic Radio Neuquén rescató del archivo comunitario una de las anécdotas más insólitas y simpáticas del Alto Valle.
El origen de un ícono hispano-neuquino
El siluetado de chapa no llegó por casualidad. En la década del 60, el abuelo y el padre de la familia Almaraz decidieron erigir el famoso toro como símbolo de la colectividad hispana y como cartel publicitario para la icónica Casa Almaraz (especializada en cristales y parabrisas). La imponente figura dialogaba con el paisaje de chacras de la zona, muy cerca de la propiedad de los García Palazón —famosos por sus memorables paellas en la Sociedad Española— y de los recorridos diarios del colectivo Turismo Lanín.
Sin embargo, lo que nació como un homenaje a las raíces y una genialidad publicitaria, pronto se transformó en el centro de un insólito conflicto burocrático.
Censura, amoladora y la rebeldía del soldador
Durante los años oscuros de la dictadura militar, las autoridades municipales de turno consideraron que la anatomía completa del toro resultaba "ofensiva a la moral pública" y "de mal gusto para los menores". Sin demasiadas vueltas, enviaron una cuadrilla que, amoladora en mano, procedió a amputarle quirúrgicamente los testículos de chapa a la estructura.
Pero la burocracia no contaba con el orgullo y la picardía criollo-española de Don Almaraz. Apenas la municipalidad se retiraba, el propietario agarraba su soldadora, se subía a la estructura y le volvía a soldar los "atributos" al animal.
La contienda duró años y se convirtió en un mito popular. Vecinos y automovilistas eran testigos de una guerra de desgaste: la comuna se los cortaba, Don Almaraz se los volvía a soldar. La rebeldía popular llegó al punto de que manos anónimas nocturnas solían pintar los testículos con pintura roja fosforescente para resaltar la provocación. Finalmente, tras repetidas multas y presiones oficiales, la anatomía del toro quedó reducida por la fuerza del sello administrativo, hasta que años más tarde la estructura fue desmontada.
Un patrimonio que vive en la memoria
Así como en España el Toro de Osborne sobrevivió a las leyes de carreteras y fue declarado Patrimonio Cultural e Histórico por su valor identitario, en Neuquén vive en el recuerdo de miles de vecinos que sonríen al recordar aquellas travesuras de la historia local.
Historias como estas demuestran que el verdadero patrimonio de una ciudad no está en los decretos, sino en el esfuerzo de sus pioneros, el humor frente a las ridiculeces del poder y el afecto de una comunidad que se resiste a olvidar.
¿Te acordás del Toro de la Ruta 22? ¿Tenés fotos o recuerdos de la zona? Dejanos tu comentario en el portal y sumate a la conversación en Neuquén del Ayer.
Por: JJGONZALEZ