El Vuelo del Caudillo: Un Gladiador en la Tribuna del Cielo
Aquella tarde de 1966 en Wembley, cuando desafió al imperio con la mirada alta, no fue una simple expulsión. Fue un acto de misticismo puro. Rattín retorció el orgullo británico en un banderín de córner y se sentó en la alfombra de los reyes porque él, en su esencia más pura, era la realeza del potrero argentino. No pedía permiso; imponía el respeto de los justos.
Y el destino, que no cree en casualidades sino en sincronías sagradas, ha querido que su último suspiro coincida con la noche en que el destino nos vuelve a cruzar. Esta noche, Argentina e Inglaterra se baten a duelo en los cuartos de final. El aire ya se siente denso, cargado de una electricidad que cruza el firmamento.
La Guardia Celestial
No estará solo en esa platea de nubes y estrellas. Imagino el reencuentro allá arriba, en el vestuario de los mitos:
El Diego esperándolo con la pelota bajo el brazo y una sonrisa de pibe.
Los viejos gladiadores de mil batallas abrazando al gran capitán.
Una tribuna celestial que, a partir de hoy, tiene un nuevo jefe para organizar el aliento.
Esta noche, cuando la Selección Nacional salga a la cancha, habrá un viento místico empujando desde el norte. Sentiremos la fuerza de un gigante que, desde la alfombra más alta del universo, volverá a estrujar el destino a nuestro favor.
"Que rujan los bombos en el cielo, que el caudillo ya llegó a destino. Su garra se queda en la tierra; su alma ya cuida los colores."
¡Buen viaje, Capitán! Su herencia es eterna.
JJGONZALEZ